¿Son las subastas públicas el mejor mecanismo para comprar insumos médicos en época de pandemia?

 

Por José Luis Lima R.

 

En abril de 2020, Performance Supply LLC, un distribuidor autorizado de 3M, intentó vender a la ciudad de New York, por vía de subasta pública, cerca de 7 millones de máscaras N95 a un costo medio de 6.26 dólares cada una. Empresas del sector privado que realizan compras masivas de esas mascarillas también estarían accediendo a precios similares[1]. Fue la misma 3M, sin embargo, quien solicitó a los tribunales norteamericanos la prohibición de esa venta (y de al menos 10 similares) alegando que se habrían estado ofreciendo en hasta cinco veces más que su valor de lista (entre 1.02 y 1.31 dólares por máscara), lo cual sería capaz de ocasionar un grave daño a la reputación comercial de 3M[2].

Asimismo, la escasez de insumos médicos para enfrentar la pandemia hizo que varios gobernadores en EE.UU. entraran, en marzo y abril de este año, en una guerra de precios en compras públicas para satisfacer las necesidades de recursos médicos de sus propios estados, dejando desabastecidos a aquellos con menos recursos[3]. De manera similar, en Ecuador hemos visto varios casos de compras públicas con elevados precios para insumos médicos, tanto en compras realizadas en forma directa como también en subastas en donde participaron varios oferentes[4].

A pesar de las experiencias más reciente, las bondades y ventajas de las subastas públicas para obtener menores precios de insumos y productos son bien conocidas, por lo que son ampliamente utilizadas tanto el sector público como en el privado[5]. Entre las bondades que brinda un sistema de subastas para compras públicas están, por ejemplo, la transparencia y la rendición de cuentas. En efecto, subastas dirigidas a que gane un oferente en particular por lo general atraerán a pocos participantes que puedan cumplir con las bases y tendrá poca o nula competencia, lo cual se verá reflejado en mayores precios. Por su parte, los procesos de control legal previos y posteriores a la subasta permiten detectar y sancionar algunas anormalidades. De igual manera, transparentar al público todas las etapas y resultados de los procesos permite que la ciudadanía pueda identificar anormalidades capaces de afectar los resultados del proceso. Cuando son los oferentes los que forman bidding rings para no competir, corresponde a las autoridades de libre competencia el detectarlos y sancionarlos.

No obstante, ese supuesto de competencia que sostiene que el uso de una subasta permite obtener menores precios se basa en la expectativa de que habrá suficiente oferta y un buen número de participantes que compitan entre sí para abastecer el producto bajo las características de calidad, logísticas, etc. que se señalen en las bases de la licitación. En tiempos como los actuales, ese supuesto no se cumple. Vemos que la demanda de insumos médicos ha subido en forma muy considerable a nivel mundial, haciendo que sean los países los que compitan entre sí para hacerse parte del limitado stock disponible. En las circunstancias actuales, el Estado tiene un poder muy limitado de hacer competir a potenciales oferentes para que lo abastezcan al menor precio.

¿Es esperable que esta situación de escasez dure por toda la pandemia? Para responder a esta pregunta, hay que comprender la manera en que las empresas, como 3M, deciden aumentar su producción. Aumentar la producción conlleva, por lo general, invertir en activos nuevos, algunos específicos y otros no, que toman algunos años en retornar al precio normal de mercado, por lo que la decisión de aumentar o no la producción debe proyectar la demanda y el precio del producto en el mediano y largo plazo. Si a esto se suma que varias empresas, como 3M, han preferido no aumentar el precio de lista de sus insumos ante el aumento de la demanda por la pandemia[6], es posible anticipar un incremento de su producción, pero no en la suficiente magnitud como para abastecer toda la demanda actual, ya que nada garantiza que esta última se mantenga una vez terminada la crisis.

De todas formas, también se puede anticipar la aparición de nuevos proveedores, menos eficientes y de diversa calidad, que sí aprovecharán los mayores precios para entrar al mercado, rentabilizar su inversión en pocos meses de operación y luego salir (la conocida estrategia hit and run). En consecuencia, la respuesta tentativa sería: para la población general, el mercado debiera producir en cantidad y calidad suficiente algunos de los insumos médicos demandados, principalmente aquellos que no requieran demasiada inversión inicial para su manufactura, como las mascarillas; para los gobiernos, que por lo general privilegian insumos médicos de alta tecnología (como los respiradores mecánicos y las mascarillas N95) provenientes de empresas reconocidas, deberán competir entre sí por la limitada producción de los mismos, a menos que estén dispuestos a comprar dichos insumos a empresas nuevas, de calidad variable y a mayor precio.

¿Qué pueden hacer los gobiernos? En estas circunstancias excepcionales, con la finalidad de conseguir insumos médicos necesarios de alta tecnología, los gobiernos tienen dos opciones si desean asegurar su abastecimiento a costos razonables: i) entrar en negociaciones directas con las empresas que realizan su producción a nivel mundial, con la finalidad de establecer alianzas que aseguren la demanda y precios a estas empresas, permitiéndoles invertir con seguridad en los activos necesarios para la producción adicional; ii) producir los insumos médicos en forma local, realizando alianzas con universidades o empresas que puedan trabajar con los estándares de calidad y tecnología adecuados, asegurando asimismo su demanda y participando en el financiamiento de los activos o insumos necesarios para tal producción local. La razón de estas alternativas tiene que ver con la especificidad de los activos necesarios para su producción, que requieren estas relaciones de largo plazo para poder materializarse en forma adecuada.

Finalmente, es importante señalar que cualquiera de estas soluciones deberá ser considerada como excepcional y temporal, es decir, finalizar cuando la crisis sanitaria acabe y el mundo vuelva a la normalidad comercial. Cuando los oferentes de insumos médicos puedan volver a competir entre sí para abastecer a los gobiernos a precios razonables, las subastas públicas serán nuevamente el medio más beneficioso para la competencia.

 

 

[1] Cfr. “Someone says they have 2 million N95 masks for sale. The asking price is 6 times the usual cost”. Disponible en: https://www.houstonpublicmedia.org/articles/news/health-science/coronavirus/2020/03/31/365758/someone-says-they-have-2-million-n95-masks-for-sale-the-asking-price-is-6-times-the-usual-cost/

[2] Cfr. “3m wins injuction against accused mask price gouger”. Disponible en: https://www.mercurynews.com/2020/05/05/3m-wins-injunction-against-accused-mask-price-gouger/

[3] Cfr. “States are being forced into bidding wars to get medical equipment to combat coronavirus”. Disponible en: https://www.forbes.com/sites/claryestes/2020/03/28/states-have-are-being-forced-into-bidding-wars-to-get-medical-equipment-to-combat-coronavirus/#5dfd286c1cde

[4] El caso más reciente de subasta púbica que resultó en precios elevados de insumos médicos (mascarillas y pruebas rápidas), y que aún se encuentra en etapa de investigación fiscal por la posibilidad de fraude y corrupción, fue el llevado a cabo por la Prefectura del Guayas, que adjudicó un contrato para comprar 70 mil mascarillas a 6,71 dólares cada una, a pesar de tener cinco oferentes participando que cumplían las bases, y otro contrato para comprar 5 mil pruebas rápidas a 23.16 dólares cada una, a pesar de tener 6 oferentes. Vid: https://www.larepublica.ec/blog/politica/2020/05/27/morales-justifica-compra-de-mascarillas-a-mas-de-6-la-unidad/

[5] En Francia, por ejemplo, se utilizan subastas como mecanismo central para compras públicas al menos desde 1882 (Chong, et al., 2013, “Auctions versus Negotiations in Public Procurement: An Empirical Analysis”, Revue d’économie industrielle, No. 141, pp. 51-72). Las directivas de la Unión Europea para compras públicas han privilegiado siempre el uso de subastas públicas competitivas (2004/18/EC, 2004/17/EC, 2014/25/EU y 2014/24/EU).

[6] La razón de esta decisión fue muy bien explicada por Richard Thaler en un artículo publicado recientemente en el NYT: https://www.nytimes.com/2020/05/20/business/supply-and-demand-isnt-fair.html?smid=tw-share

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